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30 avril UN MUNDO PATAS ARRIBAPatas arribaEduardo GaleanoLa escuela del mundo al revés es la más democrática de las instituciones educativas. No exige examen de admisión, no cobra matrícula y gratuitamente dicta sus cursos a todos y en todas partes, así en la tierra como en el cielo: por algo es hija del sistema que ha conquistado, por primera vez en toda la historia de la humanidad, el poder universal. En la escuela del mundo al revés, el plomo aprende a flotar y el corcho, a hundirse. Las víboras aprenden a volar y las nubes aprenden a arrastrarse por los caminos.El mundo al revés premia al revés: desprecia la honestidad, castiga el trabajo, recompensa la falta de escrúpulos y alimenta el canibalismo. Sus maestros calumnian a la naturaleza: la injusticia, dicen, es ley natural. Milton Friedman, uno de los miembros más prestigiosos del cuerpo docente, habla de "la tasa natural de desempleo". Por ley natural, comprueban Richard Herrnstein y Charles Murray, los negros están en los más bajos peldaños de la escala social. Para explicar el éxito de sus negocios, John D. Rockefeller solía decir que la naturaleza recompensa a los más aptos y castiga a los inútiles; y más de un siglo después, muchos dueños del mundo siguen creyendo que Charles Darwin escribió sus libros para anunciarles la gloria. ¿Supervivencia de los más aptos? La aptitud más útil para abrirse paso y sobrevivir, el killing instinct, el instinto asesino, es virtud humana cuando sirve para que las empresas grandes hagan la digestión de las empresas chicas y para que los países fuertes devoren a los países débiles, pero es prueba de bestialidad cuando cualquier pobre tipo sin trabajo sale a buscar comida con un cuchillo en la mano. Los enfermos de la patología antisocial, locura y peligro que cada pobre contiene, se inspiran en los modelos de buena salud del éxito social. Los delincuentes de morondanga aprenden lo que saben elevando la mirada, desde abajo, hacia las cumbres; estudian el ejemplo de los triunfadores y mal que bien hacen lo que pueden para imitarles los méritos. Pero "los jodidos siempre estarán jodidos", como solía decir don Emilio Azcárraga, que fue amo y señor de la televisión mexicana. Las posibilidades de que un banquero que vacía un banco pueda disfrutar, en paz, del fruto de sus afanes son directamente proporcionales a las posibilidades de que un ladrón que roba un banco vaya a parar a la cárcel o al cementerio. Cuando un delincuente mata por alguna deuda impaga, la ejecución se llama ajuste de cuentas; y se llama plan de ajuste la ejecución de un país endeudado, cuando la tecnocracia internacional decide liquidarlo. El malevaje financiero secuestra países y los cocina si no pagan el rescate: si se compara, cualquier hampón resulta más inofensivo que Drácula bajo el sol. La economía mundial es la más eficiente expresión del crimen organizado. Los organismos internacionales que controlan la moneda, el comercio y el crédito practican el terrorismo contra los países pobres, y contra los pobres de todos los países, con una frialdad profesional y una impunidad que humillan al mejor de los tirabombas. El arte de engañar al prójimo, que los estafadores practican cazando incautos por las calles, llega a lo sublime cuando algunos políticos de éxito ejercitan su talento. En los suburbios del mundo, los jefes de Estado venden los saldos y retazos de sus países, a precio de liquidación por fin de temporada, como en los suburbios de las ciudades los delincuentes venden, a precio vil, el botín de sus asaltos. Los pistoleros que se alquilan para matar realizan, en plan minorista, la misma tarea que cumplen, en gran escala, los generales condecorados por crímenes que se elevan a la categoría de glorias militares. Los asaltantes, al acecho en las esquinas, pegan zarpazos que son la versión artesanal de los golpes de fortuna asestados por los grandes especuladores que desvalijan multitudes por computadora. Los violadores que más ferozmente violan la naturaleza y los derechos humanos, jamás van presos. Ellos tienen las llaves de las cárceles. En el mundo tal cual es, mundo al revés, los países que custodian la paz universal son los que más armas fabrican y los que más armas venden a los demás países; los bancos más prestigiosos son los que más narcodólares lavan y los que más dinero robado guardan; las industrias más exitosas son las que más envenenan el planeta; y la salvación del medio ambiente es el más brillante negocio de las empresas que lo aniquilan. Son dignos de impunidad y felicitación quienes matan la mayor cantidad de gente en el menor tiempo, quienes ganan la mayor cantidad de dinero con el menor trabajo y quienes exterminan la mayor cantidad de naturaleza al menor costo. Caminar es un peligro y respirar es una hazaña en las grandes ciudades del mundo al revés. Quien no está preso de la necesidad, está preso del miedo: unos no duermen por la ansiedad de tener las cosas que no tienen, y otros no duermen por el pánico de perder las cosas que tienen. El mundo al revés nos entrena para ver al prójimo como una amenaza y no como una promesa, nos reduce a la soledad y nos consuela con drogas químicas y con amigos cibernéticos. Estamos condenados a morirnos de hambre, a morirnos de miedo o a morirnos de aburrimiento, si es que alguna bala perdida no nos abrevia la existencia. ¿Será esta libertad, la libertad de elegir entre esas desdichas amenazadas, nuestra única libertad posible? El mundo al revés nos enseña a padecer la realidad en lugar de cambiarla, a olvidar el pasado en lugar de escucharlo y a aceptar el futuro en lugar de imaginarlo: así practica el crimen, y así lo recomienda. En su escuela, escuela del crimen, son obligatorias las clases de impotencia, amnesia y resignación. Pero está visto que no hay desgracia sin gracia, ni cara que no tenga su contracara, ni desaliento que no busque su aliento. Ni tampoco hay escuela que no encuentre su contraescuela.
(Gracias a María Fabri, que me recordó el libro de Galeano y que me hizo ir por él, para poder compartir tanta lucidez, con quién quiera disfrutarla y pensar...sobre todo...pensar) 22 octobre PAUL AUSTER, PREMIO PRINCIPE DE ASTURIAS DE LAS LETRASPAUL AUSTER:
ya saben de mi fascinación por su obra...uno de mis autores preferidos, sino el que más.
THE SPEECH (at the Príncipe de Asturias Awards)
Your Majesty,
Your Highnesses, Distinguished Authorities, Ladies and gentlemen, I don’t know why I do what I do. If I did know, I probably wouldn’t feel the need to do it. All I can say, and I say it with utmost certainty, is that I have felt this need since my earliest adolescence. I’m talking about writing, in particular writing as a vehicle to tell stories, imaginary stories that have never taken place in what we call the real world. Surely it is an odd way to spend your life –sitting alone in a room with a pen in your hand, hour after hour, day after day, year after year, struggling to put words on pieces of paper in order to give birth to what does not exist –except in your own head. Why on earth would anyone want to do such a thing? The only answer I have ever been able to come with is: because you have to, because you have no choice. This need to make, to create, to invent is no doubt a fundamental human impulse. But to what end? What purpose does art, in particular the art of fiction, serve in what we call the real world? None that I can think of –at least not in any practical sense. A book has never put food in the stomach of a hungry child. A book has never stopped a bullet from entering a murder victim’s body. A book has never prevented a bomb from falling on innocent civilians in the midst of war. Some like to think that a keen appreciation of art can actually make us better people –more just, more moral, more sensitive, more understanding. Perhaps that is true –in certain rare, isolated cases. But let us nor forget that Hitler started out in life as an artist. Tyrants and dictators read novels. Killers in prison read novels. And who is to say they don’t derive the same enjoyment from books as everyone else? In other words, art is useless –at least when compared, say, to the work of a plumber, or a doctor, or a railroad engineer. But is uselessness a bad thing? Does a lack of practical purpose mean that books and paintings and string quartets are simply a waste of our time? Many people think so. But I would argue that it is the very uselessness of art that gives it its value –and that the making of art is what distinguishes us from all other creatures who inhabit this planet, that it is, essentially, what defines us as human beings. To do something for the pure pleasure and beauty of doing it. Think of the effort involved, the long hours of practice and discipline required to become an accomplished pianist or dancer. All the suffering and hard work, all the sacrifices in order to achieve something that is utterly and magnificently… useless. Fiction, however, exists in a somewhat different realm from the other arts. Its medium is language, and language is something we share with others, that is common to us all. From the moment we learn to talk, we begin to develop a hunger for stories. Those of us who can remember our childhoods will recall how ardently we relished the moment of the Bedtime Story – when our mother or father would sit down beside us in the semi-dark and read from a book of fairy tales. Those of us who are parents will have no trouble conjuring up the rapt attention in the eyes of our children when we read to them. Why this intense desire to listen? Fairy tales are often cruel and violent, featuring beheadings, cannibalism, grotesque transformations, and evil enchantments. One would think this material would be too frightening for a young child – but what these stories allow the child to experience is precisely an encounter with his own fears and inner torments – in a perfectly safe and protected environment. Such is the magic of stories: the might drag us down to the depths of hell, but in the end they are harmless. We grow older, but we do not change. We become more sophisticated, but at bottom we continue to resemble our young selves, eager to listen to the next story, and the next, and the next. For years, in every country of the Western world, article after article has been published bemoaning the fact that fewer and fewer people are reading books, that we have entered what some have called the “post-literate age”. That may well be true, but at the same time this has not diminished the universal craving for stories. Novels are not the only source, after all. Films and television and even comic books are churning out vast quantities of fictional narratives, and the public continues to swallow them up with great passion. That is because human beings need stories. They need them almost as desperately as they need food, and however the stories might be presented –whether on a printed page or on a television screen –it would be impossible to imagine life without them. Still, when it comes to the state of the novel, to the future of the novel, I feel rather optimistic. Numbers don’t count where books are concerned –for there is only one reader, each and every time only one reader. That explains the particular power of the novel, and why in my opinion, it will never die as a form. Every novel is an equal collaboration between the writer and the reader, and it is the only place in the world where two strangers can meet on terms of absolute intimacy. I have spent my life in conversations with people I have never seen, with people I will never know, and I hope to continue until the day I stop breathing. It’s the only job I’ve ever wanted EL DISCURSO (traducción)
No sé por que hago lo que hago. Si lo supiera realmente, probablemente no sentiría la necesidad de hacerlo. Todo lo que puedo decir, y lo digo con absoluta certeza, es que he sentido esta necesidad desde mi temprana adolescencia. Estoy hablando de escribir, es particular de la escritura como vehículo para contar historias, historias imaginarias que nunca han tenido lugar en lo que llamamos el mundo real. Seguramente ésta es una retorcida forma de pasar tu vida –sentado solo en una habitación con un bolígrafo en tu mano, hora tras hora, día tras día, año tras año, peleando para poner palabras en cuartillas de papel en un orden tal que dé nacimiento a lo que no existe –salvo en tu propia cabeza. Por qué existe alguien en este planeta que quiera semejante cosa? La única respuesta que he sido capaz de encontrar es: porque tienes que hacerlo, porque no hay otra alternativa.
Esta necesidad de hacer, de crear, de inventar es sin duda un impulso humano fundamental. Pero, con qué fin? Qué se propone el arte? En particular el arte de ficción, en qué forma sirve al mundo real? Para nada, puedo creer –al menos en un sentido práctico. Un libro nunca ha puesto comida en el estómago de un niño hambriento. Un libro nunca ha detenido que una bala entrara en el cuerpo de una víctima. Un libro nunca ha evitado que una bomba cayera como civiles inocentes en medio de una guerra. A algunos les gusta creer que una acogedora apreciación del arte con hacer realmente mejores – más justos, más correctos moralmente, más sensibles, más comprensivos. Tal vez sea cierto – en ciertos casos raros y aislados. Pero no olvidemos que Hitler comenzó en su vida como un artista. Los tiranos y dictadores leen novelas. Los asesinos en prisión leen novelas. Y uno quién es para decir que esta gente no goza del mismo disfrute de los libros como cualquier otro?
En otras palabras, el arte es inútil –al menos cuando se lo compara, digamos, a el trabajo de un fontanero o de un médico, o de un ingeniero de ferrocarriles. Pero es la inutilidad una mala cosa? La falta de un propósito práctico significa que los libros y pinturas y los cuartetos de cuerdas son simplemente una pérdida de tiempo? Mucha gente cree eso. Pero convendría que es la total inutilidad del arte lo que le da su valor –y que el hecho de hacer arte es lo que nos distingue de todas las otras criaturas que habitan este planeta, esto es, esencialmente, lo que nos define como seres humanos. El hacer algo por el puro placer y la belleza de hacerlo. Piensen en el esfuerzo invertido, las largas horas de práctica y disciplina que se requieren para ser un completo pianista o bailarín. Todo el sufrimiento y el duro trabajo, todos los sacrificios para llegar a lograr algo que es elocuente y magníficamente inútil.
La ficción, sin embargo, existe en un reino un tanto diferente del de las otras ramas del arte. Su vehículo es el lenguaje, y el lenguaje es algo que compartimos con otros, que es común a todos nosotros. Desde el momento que aprendemos a hablar, comenzamos a desarrollar el hambre por las historias. Aquellos que podemos ir a nuestra niñez recordaremos cuan ardientemente esperábamos el momento del cuento antes de ir a dormir. Cuando nuestra madre o padre se sentaba a nuestro lado, en la penumbra del cuarto y leía de un libro historias fantásticas. Aquellos de nosotros que somos padres no tendremos problemas en conjurar el rapto de atención de nuestros hijos cuando les leemos. Por qué este intenso deseo de escuchar? Los cuentos de hadas eran frecuentemente crueles y violentos, representando decapitaciones, canibalismo, transformaciones grotescas, y encantamientos diabólicos. Uno puede pensar que este material pudiera ser demasiado atemorizante para los niños pequeños –pero lo que estas historias en la experiencia del niño permitían es precisamente el encuentro de sus propios temores y tormentos internos – en un entorno perfectamente seguro y protegido. Tal es la magia de las historias: la ilusión nos arrastra a las profundidades del infierno, pero, al final es inofensivo.
Crecemos, pero no cambiamos. Nos volvemos más sofisticados, pero en el fondo continuamos pareciéndonos a los niños que fuimos, deseosos de escuchar la próxima historia, y la próxima, y la próxima. Durante años, en todos los países del mundo occidental, artículo tras artículo, se ha publicado subrayando el hecho de menos y menos gente lee libros, que hemos entrado a lo que algunos han dado por llamar la “era post-literaria”. Puede que tengan razón, pero al mismo tiempo esto no ha disminuido la sed por las historias. Las novelas no son la única fuente, después de todo. El cine y la televisión y también los libros de historietas están generando vastas cantidades de narrativa de ficción, y el público continua tragándolos con pasión. Esto es porque los seres humanos necesitan historias. Las necesitan casi desesperadamente como necesitan el alimento, y aunque las historias pueden presentarse –ya sea en una página impresa o en una pantalla de televisión- sería imposible imaginar una vida sin ellas.
Aún, cuando aparece en forma de novela, por el futuro de la novela, me siento bastante optimista. Los números no cuentan dónde tienen lugar los libros –aunque hubiera un solo lecor, todo y cada vez un solo lector. Esto explica el poder particular de la novela, y por qué en mi opinión, nunca morirá como forma. Cada novela es una colaboración ecuánime entre el escritor y el lector, y es el único lugar en el mundo dónde dos extraños pueden encontrarse en términos de absoluta intimidad. He pasado mi vida en conversaciones con gente que nunca he visto, con gente a la que nunca conoceré y espero continuar hasta el día en el que deje de respirar.
Es el único trabajo que siempre quise hacer. SU RESEÑA
Novelista, poeta y guionista, Paul Auster nació en Newark (Nueva Jersey, EE.UU.) en 1947. Tras completar sus estudios en la Universidad de Columbia, donde se licenció en Literatura Inglesa y Comparada, vivió tres años en Francia (1971-1974), donde ejerció los oficios más diversos, realizó traducciones de Mallarmé, Sartre y Simeon, entre otros, y escribió poesía y obras teatrales de un acto. Ya en Nueva York, Auster se dedicó a la traducción y empezó a publicar críticas, poesías y ensayos en revistas como New York Review of Books y Harper´s Saturday Review. Se dio a conocer como escritor con la publicación de La invención de la soledad (1982), obra autobiográfica, y, sobre todo, con la Trilogía de Nueva York (1985-1986), formada por tres cuentos: La ciudad de cristal, Fantasmas y La habitación cerrada. Se inició en la novela con El país de las últimas cosas (1987), a la que seguirían otros títulos como El palacio de la luna (1989) y La música del azar (1990), ésta última llevada al cine por el director Philip Haas. Paul Auster ha trabajado también como guionista en The music of chance (1993), Smoke (1995) y El centro del mundo (2001), como codirector en Blue in the face (1995) y como director en Lulu on the bridge (1998).
Autor prolífico y de notable éxito, en su bibliografía, traducida a veinticinco idiomas, se cuentan asimismo Leviatán (1992), El cuaderno rojo (1993), Vértigo (1994), Tombuctú (1997), el ensayo autobiográfico A salto de mata (1998), El libro de las ilusiones (2003), La noche del Oráculo (2004) y Brooklyn Follies (2005). Además, es autor de varios libros de poemas, como Espacios blancos (1983), Fragmentos del frío (1988) y Cimientos (1990), entre otros, así como de El arte del hambre (1992), una recopilación de artículos y ensayos sobre literatura francesa, inglesa y estadounidense. En 2005 su cuento El palacio de cristal fue reeditado en una versión ilustrada realizada por el mismo Auster junto a David Mazzucchelli y Art Spiegelman. En mayo de 2006 ha comenzado a rodar en Portugal su segundo largometraje en solitario, The inner life of Martin Frost, con guión basado en El libro de las ilusiones. Paul Auster ha recibido distintos reconocimientos como el Premio Morton Dauwen Zabel de la Academia Americana de las Artes y las Letras (1990), el Médicis de Francia a la mejor novela de un autor extranjero (1993) por Leviatán y el Independent Spirit Award al mejor guión original por Smoke (1995). Con Tombuctú logró el Premio Literario Arzobispo Juan de San Clemente de Santiago de Compostela (2000). Caballero de la Orden de las Artes y las Letras de Francia (1992), en 2003 obtuvo el Premio al mejor libro del año del Gremio de Libreros de Madrid por El libro de las ilusiones. 7 juin El Felino y Los LibrosEsta noche hemos decidido mis gatos y yo asaltar Brooklyn Follies. Sin previo aviso, directamente al grano. Por qué conformarse con ser un ignoto librero, u cum laudem venido a menos o un vendedor de seguros frustrado, por qué no inventar la nueva salida para tres nueos fracasos en una ciudad como Nueva York, o sea, Brooklyn es Nueva York. Como explicarlo, sí eso, lo del cancer terminal, lo de la hija en retirada y la falta de expectativas...y aparece tu sobrino, el doctor en ciernes trabajando para el librero, un delicuente de buena simiente. Pues con mis gatos vamos a lanzarnos a tu libro, Paul Auster y ya veremos...
1 juin PAUL AUSTER: EL PREMIO ES LO DE MENOS.
En su acta, el jurado destaca que Auster ha sido premiado "por la renovación literaria que ha llevado a cabo al unir lo mejor de las tradiciones norteamericana y europea, innovar el relato cinematográfico e incorporar a la literatura algunas de sus aportaciones".
"Con su exploración de nuevos ámbitos de la realidad, Auster ha conseguido atraer a jóvenes lectores al dar un testimonio estéticamente muy valioso de los problemas individuales y colectivos de nuestro tiempo", concluye el acta del jurado, que fue leída por su presidente, Víctor García de la Concha. Escritor, guionista y director de cine Paul Auster nació en 1947 en Newark (Nueva Jersey). Estudió en la Universidad de Columbia y después de trabajar en un petrolero durante un año se fue a vivir a Francia cuatro años. Regresó a Nueva York en 1974. Como escritor, comenzó escribiendo poesía y ensayos en dos revistas clásicas Harper's Saturday Review y New York Review of Books. Su primer gran éxito, al menos de crítica, ocurre en 1987 con su libro de cuentos La trilogía de Nueva York. Después llegaron las novelas: El país de las últimas cosas (1988), El palacio de la luna (1989) y La música del azar (1991), Leviatán (1992) y Mr. Vértigo (1994), A salto de mata (1997), Heridas de amor (1998), Tombuctú (1999) y Doble Game and the Gotham Handbook (2000). Su última novela es Brooklyn Follies, publicada este año en España, como casi toda su obra, por Anagrama. En 1993 publicó El cuaderno rojo, y en 1994 colaboró con el director Wayne Wang en el guión de las películas Smoke y su continuación Blue in the face basadas en relatos suyos. También ha escrito una obra autobiográfica, La invención de la soledad, y un libro de poemas y ensayos, Cimientos (1990), y ha dirigido una película Lulu on the bridge, basada en su novela Heridas de amor, que fue interpretada por Harvey Keitel y Mira Sorvino. Estos días rueda en Lisboa su segunda película: The inner life of Martin Frost.
"Un Angel en el desatino de la casualida de vidas cruzadas, de desasosiegos, de causas y azares, de vidas en paraleo y transversales, un angel de sueño particular y eterno, el angel que ha logrado vivir la vida que tan solo es real, en los libros" . Este "angel" es Paul Auster,
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